Los antioxidantes son moléculas que protegen, retrasan y previenen el daño y muerte de las células. ¿Pero cómo se consigue esto? Combatiendo los radicales libres. Los radicales libres son otro tipo de moléculas altamente inestables que se forman en el cuerpo a causa de una variedad de impactos externos, tales como polución, radiación solar, tabaco, alimentos procesados, etc. Los antioxidantes son los responsables de bloquear la acción de los radicales libres en nuestro cuerpo, neutralizando la oxidación generada por los estos últimos.

Ese es el motivo por el que es tan importante que tanto nuestra piel como nuestro cuerpo se equipe con un buen ejército de antioxidantes. Por fuera ya se encarga nuestro tratamiento African Experience pero con respecto al cuerpo hemos descubierto una manera fácil y rápida de incorporar antioxidantes en nuestra rutina diaria: MORINGA.

La moringa (Moringa oleifera) se conoce como el árbol de la vida y es originario de la India. Sus propiedades son tan beneficiosas, que todas sus partes –corteza, hojas, raíz, frutos (vainas), flores, semilla– se aprovechan y se usan ya en muchos países para curar o prevenir varias enfermedades.

La moringa posee más de 40 tipos de antioxidantes, entre los que destacan la vitamina A y la quercitina. Con una cucharadita de polvo de hoja al día basta para elevar los niveles de antioxidantes en sangre, gracias al contenido en quercitina y ácido clorogénico. La vitamina A se halla en forma de betacaroteno, un potente antioxidante que protege especialmente la piel, las mucosas y órganos como la vejiga. La quercitina refuerza el poder anticancerígeno y antidegenerativo de la moringa.

Nosotras ya la hemos incorporado en nuestra rutina diaria. Nos gusta por ejemplo añadir una buena cucharada a los zumos y smoothies de frutas o preparar cocteles antioxidantes bien fresquitos este verano. ¿Qué nos decís? ¿Os animáis?