Millones de reacciones químicas se desarrollan en nuestro cuerpo consecuencia del simple hecho de permanecer vivos. Con el paso del tiempo sufrimos un proceso de desgaste, la regeneración y reproducción celular va disminuyendo y padecemos un proceso de normal de envejecimiento. Factores genéticos hereditarios, hormonales o nuestra predisposición a sufrir afecciones en la piel son intrínsecos y propios de la naturaleza de cada individuo.  Sin embargo, existen factores externos que aceleran este proceso natural dando lugar a lo que se conoce como envejecimiento prematuro.

¿Qué es el estrés oxidativo?

El metabolismo aerobio celular normal genera radicales libres que buscando volver a un estado estable reaccionan con moléculas cercanas. Estas moléculas se desestabilizarán y buscarán reaccionar con otras provocándose así reacciones en cadena. En la piel existen antioxidantes naturales capaces de neutralizar el efecto de estos radicales libres. El problema ocurre cuando el balance radicales libres-antioxidantes cae del lado de los radicales libres y la piel no cuenta con mecanismos suficientes para neutralizarlos. Estos radicales libres no neutralizados son principalmente Especies Reactivas del Oxigeno (ROS) y provocan la oxidación de lípidos, aminoácidos de proteínas incluso cambios en la estructura del ADN dañando por tanto la estructura de nuestra piel.

La radiación ultravioleta, la contaminación, el tabaco o los hábitos alimenticios son algunos de los factores que producen un aumento de estas Especies Reactivas del Oxigeno (ROS), provocando por tanto estrés oxidativo, causa principal del envejecimiento prematuro. Por eso, independientemente de todos los cuidados para preservar el estado y la calidad de nuestra piel,  es fundamental el aporte de especies antioxidantes que frenen este efecto degenerativo.